Etiquetado: Testimonios

Los maestros de la vida

conxa
Cierro los ojos y me paro a pensar… cuantas imágenes me vienen a mi cabeza…
Hace ya casi 17 años que colaboro con la Fundación, no puedo dejar de ver las caras de esos niños… pequeños, medianos, adolescentes,…; cuantas risas me inundan la cabeza, cuantas confidencias, cuantas experiencias vividas…
Cada uno de los niños o adolescentes  que ha participado en las actividades de la Fundación  ha dejado su huella, no hay ninguno que haya pasado desapercibido, porque cada uno de ellos es especial, único, irrepetible, al igual que lo son para sus padres.
Podría contar mil anécdotas de cada viaje que hemos realizado con ellos, podría dibujar las caras de felicidad que tienen cuando estamos todos juntos y por ejemplo, cuando algunos ven la playa por primera vez en su vida  y quieren saber donde esta el tapón que evita  que el agua se vaya. O cuando dan de comer a un elefante, y ven atónitos, que el animal  con su trompa coge la  manzana y se la come ( y eso les ocurre a ellos!!!). O cuando suben a un avión del ejercito que les lleva lejos y se sienten héroes del cielo, cuando ven un volcán y les cuentan que en su interior vive su dueño y que hay que respetar su territorio. O cuando hacen una pizza con sus manos y la preparan con amor para su familia… y siempre , siempre, cuando hacemos el “Buenas noches” y aparecen los guiños de complicidad, porque miran  a su compañero y se sienten iguales y ESPECIALES.
Cuando TODOS juntos cantamos nuestra canción  “Color Esperanza” y nos emocionamos porque sabemos que lo conseguiremos.
Todo esto y mucho más es lo que yo tengo la suerte de compartir con ellos, “Unos maestros de la vida” porque para mi lo son… por su FUERZA, por su LUCHA, por su VALENTÍA, por SEGUIR, y si ellos SIGUEN, nosotros SEGUIREMOS a su lado, ayudando a encontrar ESPERANZA.
Conxa Francés
Voluntaria y patrona de la Fundación Blas Méndez Ponce
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Nuestra Experiencia en Cosmocaixa

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Una vez mas,  nos proponíamos a pasar un día divertido con la “familia” de la Fundación Blas Méndez Ponce.  Siempre es agradable volver a juntarse con niños, padres y miembros de la Fundación;  intercambiar muestras de cariño y afecto. En esta ocasión el lugar elegido era una visita al museo CosmoCaixa (Alcobendas).

Después de los saludos pertinentes entre padres, niños, hermanos, monitores y voluntarios, nos fuimos a ver el Planetario de la ultima planta en el cual pudimos ver una película que nos mostraba las constelaciones y estrellas del Universo. Tengo que reconocer que mareaba un poco y algunos salimos de allí un poco pálidos…
Nos llamo mucho la atención un meteorito real que había en la puerta de la sala, que pesaba 80 kilos y había sido descubierto en la primera mitad del siglo XX en Argentina y que estaba compuesto principalmente de hierro y níquel
Luego recorrimos varias zonas del museo, experimentando con sonidos, luces, olores, sabores. Es muy bonito ver como los niños disfrutan con todas estas actividades que les transportan a mundos de fantasía, lejos de hospitales, tratamientos y medicinas.

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En la parte de la evolución del hombre y después de ver muchos fósiles y curiosidades nos hicimos varias fotos de grupo frente a un gran esqueleto de dinosaurio.
Cuando llego la hora de comer fuimos al restaurante/buffet del museo donde la Fundación tuvo el grandísimo detalle de invitarnos a también comer a todas las familias que habíamos asistido (Graciassss…..)
Una vez finalizada la comida algunos voluntarios se llevaron a los niños a jugar y realizar varias actividades mientras los padres pudimos disfrutar de una charla con Ramón y Gema, los cuales nos informaron de los próximos eventos que estaban organizando.

Destacar la gran labor organizativa por parte de la Fundación (como siempre) y agradecer de todo corazón lo que hacen por nuestros hijos y por nosotros, los padres.
Esperamos ansiosamente la próxima cita…

Fernando, Manoli, Adrián y Rubén

 

GRACIAS desde el alma(testimonio de un padre).

Anamica

Al conoceros (a la FBMP) me impresionó mucho el ver, un domingo de hace algunos años, a las siete de la tarde, a dos muchachas muy jóvenes que aparecieron por la habitación de Anamica en el hospital.

Me marcó personalmente ver que dedicaban un rato de una tarde de domingo para jugar con mi hija. Es esto lo que al principio de conocer la Fundación más me impactó, y gracias a este pequeño gran detalle hemos tenido la fortuna de profundizar con vosotros y de ver cómo Anamica os adora y cómo vosotros habéis llenado una parcela de su vida que ella tenía desocupada.

Sólo deciros GRACIAS desde el alma!

Javier, papá de Anamica

Historia con gorro rojo

Historia con gorro rojo.Lo que no podía imaginarse era perder su pelo, castaño, medio rubio en verano. Y cuando comenzó a ver el rastro en la almohada y en las sábanas, el enfado crecía. Pasaron, así, unos cuantos días y ya en el curso de un segundo ciclo, nos dijo “fuera”, no quiero ver como se va. Pedimos ayuda para agotar su pelo lacio, profundo y lleno de remolinos.

No quería mirarse, se colocó un gorro. Yo le busqué algunos, diferentes y especiales , de esos que llevan los “surferos” y que están hechos con tela de camiseta, porque al principio el cuero cabelludo duele y no aguanta casi nada. Era verano y esos gorros de colores eran todo un distintivo. A veces le daba vergüenza cuando le decían que su gorra  “molaba”, en otros momentos se sentía especial…

Y llego el frío y buscamos un gorro de lana rojo, como de estibador, y no se lo quitó, ni cuando volvió de nuevo el calor. Era parte de él, su protección frente a cada etapa nueva, su escudo, su referencia. En el viaje a Tenerife con la Fundación disfrutó como nunca con todos los nuevos amigos y amigas, pero no consintió el quitarse el gorro rojo, ni para bañarse en la piscina.

Sudaba en junio en Madrid con el gorro rojo, a veces se perdía y revolvíamos toda la casa buscándolo, o hacíamos kilómetros hasta encontrarlo en el rincón olvidado…

Fue en el viaje a Campo de Gibraltar cuando, en un trueque , Fernando, el médico, le regaló su gorra roja , “beisbolera”, la de los “yankees” y el accedió a dejar por un tiempo largo su gorro rojo.

Lucas se fue con su gorro rojo y yo guardo la gorra roja con su memoria.

Pilar, madre de Lucas.

Me enamoré de Irene

Pilar Prellezo, la mamá de Irene, ha publicado la historia de su hija. Me enamoré de Irene es un diario que relata el día a día de su hija, una MUJER de once añitos que miró cara a cara al cáncer y se enfrentó a él de frente. El fragmento que adelantamos es una prueba de la entereza de Pilar y de Irene.

Enciendo el ordenador para ver las fotos que han colgado los de la Fundación Blas Méndez del albergue, y me baño contigo para que te recuestes sobre mí. Consigo distraerte un poco y cortar los vómitos que estás sufriendo todo el día.
Puedes comer poco a poco, y bebiendo para pasarlo, un plátano. No lo aguantas mucho en el estómago. Tienes hambre y te apetece un helado, pero tampoco lo aguantas mucho. Lo que aguantas casi dos horas son unos huevos pasados por agua.
A las doce de la noche te sugiero que me relevara la abuela, no lo consientes. Has decidido viajar a Tenerife; fue a las dos de la tarde, pero a esas horas te dije que no estabas en condiciones de viajar. Se te ve tan frágil, me pareció imposible que pudieras soportar el viaje.
Me dices que te vas, también que te prometa que no estarías así, me lo dices porque me paso toda la semana convencida y diciéndote que la mitad de tus dolores son producidos por los nervios y que allí se te pasará.

—Ojalá pudiera, Irene, pero no puedo viéndote en este momento, no puedo, sólo puedo creer que son los nervios pero no lo puedo asegurar.—

A mí lo que me parece imposible es aguantar la semana que viene otra quimio estando como estoy. Es mejor que me vaya,¡¡y más vale, rica, que sean los nervios!! —me dices con esa frescura que te caracteriza.